Nosotros hemos tenido la cabeza en otras cosas y, al final, no nos ha dado tiempo a participar en carreras organizadas. Pero bueno, queda pendiente para otro año, que seguro que habrá ocasión. Nos han contado que el Wine Run, con salida en Samaniego, ha estado este año mucho mejor organizado que el anterior y que, además, se podía entrar en las bodegas. Porque no va a ser todo deporte…
Lo que sí hemos disfrutado a la carrera
ha sido del paisaje otoñal de Labastida, con sus viñedos llenos de colores
contemplados desde la ermita (más bien fortaleza) del Santo Cristo. También nos
hemos podido acercar a la abarrotada calle de la Herradura, en Haro, donde los
bares no daban abasto con tanto guiri. Nada más entrar, ya te avisaban de que
las raciones tardarían media hora. Y curioso también ver a los moteros
veteranos haciendo cola tranquilamente para registrarse y recoger las llaves de
sus habitaciones en el hotel de carretera.
En cuanto a la recomendación
gastronómica: el restaurante Sabai, en Haro. Nos gustó mucho su apuesta por una
cocina diferente y cuidada. De esos sitios donde los platos te sorprenden y en
los que uno piensa que está disfrutando de una experiencia propia de un
restaurante con estrella Michelin, pero sin que la cuenta se dispare. Y si,
además, te atienden tan bien como Jennifer, la experiencia gana todavía más
puntos

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