Comenzamos el movimiento después del descanso estival. La falta de costumbre… y eso que han sido solo cuarenta días sin viajar. Parece una eternidad. Aunque, curiosamente, el verano ha pasado en un suspiro. Poco a poco toca volver a la realidad.
Se nota la falta de aclimatación.
El tiempo en Saudi no perdona. Durante las visitas en campo parezco un
surtidor. Estoy empapando las notas que intento escribir y mojando la
documentación que me pasan para revisar. Solo puedo pedir disculpas.
Como siempre en los viajes, esta vez no iba a ser diferente,
hay algo bueno, aunque la situación en el país esté caliente. Los paseos
mañaneros para ver el amanecer, después de cansarme de dar vueltas en la cama.
Esta vez, además, en uno de esos hoteles buenos. De los buenos de verdad. De
los que, como diría Asier: "No me recuerdes las sábanas, que me pongo a
llorar". Así que, por lo menos, amaneceres de lujo.
Los días, eso sí, se me han hecho muy largos. Mucho trabajo,
poca colaboración y esa maravillosa sensación de que, mientras uno intenta
sacar las cosas adelante, algunos parecen estar esperando tranquilamente a que
te salgan mal. Pero bueno, poco a poco.
De regreso, como siempre, me he
escapado un rato y he aprovechado para hacer un poco de turismo. He acabado
visitando la Al Tawi Archaeological Tower.
Al llegar y leer el cartel, me
troncho. ¿Arqueológica? ¡Qué mamones!
En Bilbao hay abuelas más viejas y en mejor estado. Una torre de adobe y cañas de 1928 que, según pone, se hizo para proteger un pozo. Está que se cae y el pozo… seco. Pero la curiosidad mató al gato. O como se diga.
El pobre driver, cuando me ve entrar en la "fortaleza" y comenzar a subir al primer piso…
- Sir, maybe it’s not safe.
Seguro que estaba pensando: "Como
este siga subiendo y con su peso se termine de caer la torre, ¿cómo explico yo
a las autoridades que ha sido él?". Porque una cosa es llevar al plasta del
expatriado a ver una torre arqueológica y otra muy distinta tener que explicar
que el bilbaíno se ha cargado el emblema arqueológico de la provincia y ha
terminado entre los escombros.
Al ver el techo caído sobre la entreplanta, aunque por un
momento me lo he pensado, decidí no seguir defendiendo el pozo. Ni terminar de
destruir la torre.
Y después de tanta “arqueología” de menos de cien años, la recomendación gastronómica. En el Al Diwan, que es el restaurante libanés del Hotel Intercontinental de Al Jubail, se come bien y con amplia carta, pero caro. Por eso me quedo con un restaurante en Dammam. Hemos acabado en “The Heritage Village”, que ya te he escrito alguna vez, un sitio con museo con todo tipo de cosas “arqueológicas” de los cincuenta, coches antiguos y restaurante.
Nosotros hemos pasado directamente de los coches y del museo, que uno puede tener interés por la historia, pero tampoco hay que exagerar.
Nota: Al final he tenido suerte y se han apiadado de mí al
perder la conexión. Llego para comer tarde a casa… Menos mal, porque estoy
muerto, matado.


