Ya no me acordaba de lo duro que es trabajar en turno de noche sin tiempo para aclimatarse. A las tres de la mañana mi mente deja de ser operativa y solo soy capaz de hacer esas tareas que uno tiene memorizadas desde niño, casi por inercia.
El calor tampoco ayuda. El horario ha sido infernal, de
ocho de la tarde a siete de la mañana, y ninguno de los días he conseguido
terminar la jornada cuando tocaba, aunque al final, de una manera u otra,
siempre se acaba sacando el trabajo adelante. No sé cuantos kilómetros habremos
recorrido estas noches, persiguiendo las tres localizaciones del proyecto.
Entre auditoría y auditoría llegó una de esas llamadas que nunca apetece recibir. Desde Bilbao, una mala noticia que, aunque esperada desde hacía tiempo, no deja de doler cuando finalmente llega. Hay viajes para los que nadie está preparado y tener que pagar al bueno de Caronte para cruzar el río nunca resulta agradable, por mucho que supieras que el momento se acercaba. Allí estaba yo, en mitad de la nada, con un grupo de auditados esperando, intentando encontrar las palabras adecuadas, y solo me salió decir lo único que realmente importa en esos momentos: mucho ánimo y fuerza.
Al final todo termina, como siempre, con mucho esfuerzo
y aún nos quedó tiempo para una visita relámpago a la biblioteca de Ithra, el
Centro Rey Abdulaziz para la Cultura Mundial. Esta vez con el GPS del teléfono
proyectado en la gran pantalla del coche. Para eso viajamos con juventud, que
sabe conectar estas cosas en un momento. Un cambio enorme en seguridad, porque
las veces anteriores no hacía el bueno de Jesus más que bajar la vista para
mirar la pantalla del móvil mientras conducía.
Dedos cruzados, porque han vuelto a comenzar las alarmas
ya que se ha vuelto a romper la fina tregua en el golfo. La gente de obra, ni
se inmuta. Hoy viendo los cazas volando por encima nuestro, solo puedo pensar
que es que nos acostumbramos a todo, bueno a casi todo.
En cuanto a la recomendación gastronómica, el restaurante iraquí Shekdar.
Riquísimos los entrantes, acompañados de ese enorme y finísimo pan recién
hecho, perfecto para mojar en el hummus y el baba ghanoush. También
espectaculares las berenjenas rellenas al estilo iraquí y el kibbeh. Todo lo
que lleva "iraquí" por delante y hemos probado hasta ahora está
realmente bueno.
Bueno chavala, agotado, pero con ganas de verte. Yo en el aeropuerto escribiendo
mientras tú y toda la cuadrilla en la catedral, y esta vez no es para ver goles. Agotado
Goian Bego


