Venir de América y lanzarme sin red a un turno de noche sin aclimatazión en Qatar, lo tengo que poner ya en la lista de órdenes de alejamiento.
Noches interminablemente húmedas y largas. Me he pasado la semana sin saber si lo que estaba tomando de desayuno era la cena o al revés. Un sindiós. Ha sido una paliza. Otra vez. Como en julio, con turno de noche y otra vez sin saber muy bien qué hacer, porque el bueno de Caronte, también tiene que volver a trabajar para cruzar el río a la familia. Y así estaba yo, otra vez, en mitad de la nada, pensando que le digo al bueno de Jon, intentando encontrar las palabras adecuadas. Al final me decidí por un seco y cobarde WhatsApp. Pero es que no estaba para más.
Como siempre, en el último momento, escapada para ver algo. Aunque esta vez llegué tan tarde que los museos que quería visitar ya estaban cerrados. Tengo pendiente el Mohammed Bin Jassim House y las otras tres casas de esa zona. Otra vez será.
Aunque tengo que decir que esto de Qatar es sorprendente. Por mucho que venga. Me han llevado a una de esas islas artificiales, Gewan Island, unida por un par de puentes a La Perla. Madre mía, qué derroche de energía. Grandes plazas abiertas… con aire acondicionado. Y eso que estamos hablando de una noche templada de 40 grados. Así que, por supuesto, toca sacar mi inseparable forrito. Bego, me sale a txikita la puesta.
Los suelos
llenos de vidrieras con cristales de Swarovski, los paseos con árboles de
vidrio soplado de colores… Todo espectacular. Pero yo solo puedo pensar cuánto
duraría esto en casa.
Hay que disfrutar cada día. Como
novedades he tenido la suerte de ver mi primer robotaxi. Lleva un cubo en el
techo del coche que me imagino que será donde van todos los sensores y demás
cacharrería tecnológica. De momento llevan un supervisor dentro, por aquello de
que todavía están en pruebas, pero la sensación es que el coche sabe
perfectamente lo que hace. Eso sí, hasta ahora los he visto únicamente por los
barrios finos, con sus calles perfectamente señalizadas, tanto en horizontal
como en vertical. Porque en cuanto desaparezca la señalización, me imagino que
el robótito se volverá majareta y tirará por la calle del medio. Yo, de
momento, bastante tengo con los sustos de los drivers de carne y hueso.
Después,
visita al Place Vendom, el centro comercial más “chic” que he visto. Menuda
tienda de Rimowa! Tiendas inmensas de lujo y qataríes tomando café en terrazas
prohibitivas… en vasos desechables. Madre mía. Por lo menos, que usen vajilla.
Por el precio, además de la reverenda te, deberían regalarte la taza con la
factura.
La
recomendación gastronómica. Mira que he pasado veces por delante del
restaurante, pero como sale el de la tetera gigante en el vídeo promocional de
Qatar, siempre me había dado pereza. Pues mira tú por dónde, hemos acabado en
“Damasca One Restaurant “ y hemos estado muy a gusto.
Y la
anécdota del aeropuerto. Es la primera vez que se alegran de verme en la sala de Doha. O, por
lo menos, disimula muy bien.
Pilsen, un
profesional de la barra, se acuerda mejor que yo de la conversación de hace
unas semanas. Por lo menos me ofrece, para empezar, un Dry Martini agitado, que
rechazo porque estoy agotado, pero una hay que tomar para brindar por
Aita.
Eso sí, el bueno de Pilsen no deja que se me caliente la copita de champán. Parece que sabe que fue un gran padre .Se me debe ver agotado.Por dentro, roto.Por fuera, intentando parecer una persona normal.
Un gran tipo.
Hasta preocupado por mi hora de embarque. Si solo están llamado a misterlabarriga.
Pero ¿quién
dice que no a un poquito de champán?
Y mañana, que
Caronte siga trabajando, pero ya hemos cubierto el cupo por una larga
temporada.
Yo ya he
cruzado bastante por esta semana, aunque me da una pereza extrema pensar en la
semana en Madrid. Madre mía , estoy de atar ...En Qatar.



Normal que te llame la atención ver un cacharro que rueda sin nadie al volante debe de ser lo más parecido a verse en un espejo después de enlazar América con la noche de Qatar.
ResponderEliminarJuas juas
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