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viernes, 13 de febrero de 2026

Visita al Zayed National Museum – de profesión estrena museos

 Bueno… cómo pasa el tiempo.

En 2017 visité por primera vez el Distrito Cultural, en la isla de Saadiyat. Aquel viaje tenía un propósito muy claro: conocer el recién inaugurado Louvre Abu Dhabi. Recuerdo perfectamente la impresión que me causó. Fue uno de esos lugares que se te quedan grabados, no solo por lo que ves, sino por lo que sientes al estar allí.

Hoy he vuelto. Esta vez para visitar el recién inaugurado Museo Nacional Zayed. Como bien dices, hay que buscar un hueco e inventar una nueva profesión: además de estar de visita por el mundo, de profesión… estrenar museos.

Y qué museo.

Es una pasada. De verdad. El edificio, los espacios, intentar imaginar cómo construyeron estas maravillas en medio del desierto… La manera en la que cuentan la historia de los Emiratos está pensada con una elegancia y una ambición que impresionan. En menos de cien años, un cambio radical: de las dunas al epicentro cultural mundial.

Y, sin embargo, me he sorprendido pensando que hace casi diez años me impactó aún más aquella primera visita. Quizá porque era la primera vez. Quizá porque todo aquello era completamente nuevo. O quizá porque uno también cambia. Lo que más gracia me ha hecho ha sido ver el todoterreno que usaba el emir por las dunas. Al final, igual solo hace falta un buen motor para moverse por el desierto y desinflar las ruedas.

Mientras caminaba por el distrito, me he dado cuenta de que aún me queda mucho por descubrir. El Museo de Historia Natural sigue pendiente. Y dentro de unos meses, cuando el proyecto que he venido a visitar esta semana esté más avanzado, seguramente también estará listo el Guggenheim Abu Dhabi. Será otra excusa perfecta para volver.

Y en tardes como la de hoy, caminando entre estos espacios de la zona rica de Abu Dabi, pensando en el tiempo que ha pasado y en todo lo que está por venir, me siento bien pagado…

Aunque para cenar en “El Maté”, adonde me han llevado, no me llega.

Menudos precios. La carne no costaba lo que ponía en la carta… costaba eso por cada cien gramos. Y ni para eso me alcanzaban las dietas. Cuando el camarero me ha dicho que la carne que había pedido se les había terminado y le he contestado que me daba igual —que la había elegido porque era la más barata—, muy serio me ha explicado que la que me ofrecía era más pequeña y, por lo tanto, más económica. “Solo” seiscientos y pico dirhams. Unos 140 euros por menos de medio kilo de carne.

Se notaba nada más entrar que el restaurante era de lujo. Pero tiene precios para el emérito. Y estaba lleno.

Así que sí. La recomendación gastronómica vuelve a ser el Silk & Spice del hotel Sofitel, una maravilla de comida tailandesa. Esta vez he probado el Gai Phad Med Mamuang (especialidad del chef), pollo salteado al wok con anacardos, y a “solo” 85 dirhams —ahora 

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